Dudo que exista un atardecer más bonito que tu mirada.
¿Alguna vez te pasó? de pronto, te cruzas con esa persona que hace que suenen trompetas en tu corazón,
y vuelas.
Y te vacías, aun sabiendo que es la crónica de una muerte anunciada,
pero ¿qué más da?, si esa sonrisa de primavera es capaz de camuflar todos tus fracasos,
de llenarte el pelo de flores
y de convertirte, a media noche, en sirena.
Yo fui la princesa del cuento de nunca acabar,
soñé, hasta despierta.
Aprendí lo que significa el verbo amar.
Esos besos sabían a mar y yo moría de sed si dejaba de beberlos,
y, poco a poco, fui enloqueciendo.
Morir era el mejor regalo que me hubiera hecho la vida, al perderte.
Pero me castigó por todos mis pecados, pagué por el daño provocado,
y tuve que aprender a vivir,
sin ti.
Se que un día, el karma, vendrá a darme un beso en los labios,
se irá el otoño de mis ojos
y volverá a brillarme un sol en la sonrisa.
Haré el amor en parques llenos de buena suerte,
y que buena suerte será encontrarte.
Si me lees y quieres encontrarme,
búscame en estantes llenos de poesía,
en el brillo de una estrella,
en el acorde de una guitarra.
Búscame en el fondo del mar.