Una tajada al corazón. Partirlo en mil pedazos. Y regalartelos.
Abrirlo de par en par. Dejar salir todo lo bueno y la mierda también.
Y de pronto todas esas mariposas que dejaron de volar y te convirtieron en gusano.
En ese gusano que yo hubiera querido besar hasta convertirme en tu princesa. Pero no.
Porque yo no juego, no soy un juguete al que puedes acariciar y después arrimar.
Tu me dabas guerra y yo te ofrecía la paz que dan las ventanas abiertas, las miradas entrando en lo más profundo.
La libertad de caminar de la mano, sabiendo que podías irte pero que no te irías.
Esa libertad de saberse con el ser amado y no temer.
No temer a desengaños ni al abismo de volver a sentirme sola.
Hoy te he vuelto a ver y he vuelto a sentir como derretías mis ojos con tu mirada
y me he sentido llena de nada, y de tanto amor que no me pertenece.
Querías jugar a las damas y yo te ofrecí el jaque mate.
O todo o nada.
Y tu decidiste la nada.
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