Pero he de confesarte algo, la poesía se ha llenado de calles.
Y las paredes gritan tu nombre.
Y yo estoy sentada en la playa rasgandome el corazón mientras te escribo una carta que se que no leerás.
Lo malo de las islas es que no puedes huir ni del mar
y al final siempre acabas en el.
Hundiendote.
Curando las heridas con la sal.
Estamos casi en agosto y aquí sigue lloviendo como en otoño.
No existen suficientes tejados en esta ciudad para dejar de pensarte.
Y no es posible desterrarte de un lugar en el que jamás has estado.
Vivir con esta maldita duda desvela, pero como gusta el sabor de lo desconocido.
Si al menos supiera tus motivos, pero hay un muro frente a ti y se me hace infranqueable,
puta intriga.
Eres como una sombra, borrosa, que no me deja pensar, un misterio que engancha.
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