Y mientras bailes con él le apretarás las manos, y no comprenderá que es por miedo a no volver a tocarle.
Se le pondrán, si le besas, rojitos los ojitos y aún así, te mirará, por un instante, y te regalará sus alas.
Y, entonces, querrás volar hasta una isla recóndita del pacífico, tan misteriosa como él.
Querrás conocer sus secretos, aunque a la tercera pregunta deje de contestar, y no solo callará sus respuestas, se callará sus miedos y aplacará los tuyos también.
Apostarás con él el tic tac de su mundo y tu mundo se hará tan chico que solo cabrá en él la felicidad.
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