Yo me aferré a la crónica de una muerte anunciada como a un clavo ardiente,
que quema las manos con esa piel tan suave y deja cenizas en el alma.
Y perdí mucho más de lo que gané.
Hoy el pasado me ha mirado los miedos de frente, y la memoria se ha llenado de lágrimas.
Me ha mirado, y por una décima de segundo me he imaginado al pasado presente y vi perfección.
Duele arrepentirse de haber perdido al más grande de los sueños, duele.
Y es que sigue estando igual de guapo, incluso más. Y sigue teniendo ese cuerpo tan perfecto que te hace estremecer aun sin tenerlo cerca.
Y yo se que en el fondo le amé, porque aquella vez que, al hacer el amor lloré,
fue porque ahí no estaba otro sino él.
Al beber tus vasos con versos, entiendí que tu boca solo sabe de besos.
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