martes, 22 de julio de 2014

Dulce muerte por asfixia

- Lo sublime, bonita palabra.
- Deliciosa palabra.
- Se escapa del entendimiento, es como hablar de 300 millones de euros. No la entiendo ni buscándola en el diccionario.
- No hay que entenderla, hay que sentirla.
- Será. Entonces no debería tener nombre, sería absurdo.
- Como tantas cosas que no deberían, el amor, por ejemplo.
- El amor si, está demasiado gastado como para no tener nombre. Lo llamarían de otra manera si no, piedra, tornillo, da igual. Hasta el amor podría ser sublime, pero habría que sentirlo así, sin nombrarlo.
- Por eso te digo, tenemos la imperiosa necesidad de etiquetar todo en esta vida. Hasta cosas que sentimos que son tan intensas que es imposible ponerle un nombre.
- Debería bastar con una respiración profunda para intensificar el sentir de esas cosas. Ponerle nombre sería como rebajarlas de grado.
- Y ¿Acaso no es tan fuerte que apenas te permite respirar?.
- A veces si, solo cuando merece no ponerle nombre.
- Y entonces merece quedarse sin aire.
- ¡Exacto!, Asfixia, es mucho mejor que sublime.
- Asfixia, si, y te pones morado, pero de besos.
- Dulce muerte por asfixia.
- Dulce, como cuando entiendes que hacer el amor es follar y sentir que todo se mueve a cámara lenta.
- Slow motion, asfixia también.
- Lo que hay que descubrir es si esa dulce muerte por asfixia se puede sentir más de una vez.

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