La luz del sol iba apagandose con el ocaso, la brisa del mar revoloteaba entre sus cuerpos golpeando sus rostros cansados de tanto reir, entonces ocurrió, sus miradas se cruzaron y de pronto el frio no importó, pues el calor de su lengua encendía cada poro de su piel y sentir sus labios fundiendose con los suyos hacía que lo demás dejara de importar.
Le abrazo con fuerza, queriendo que nunca se separara de ella y sonrió contra su pecho pues el esfuerzo había tenido su recompensa.