Cerrar los ojos y respirar el olor de la tranquilidad. Notar como la armonía roza mi piel en suaves rafagas de aire y sonreir.
Sentir el calido abrazo de mi sangre y las finas arrugas que recorren el rostro del cielo.
Acostarme bajo un manto de estrellas y escuchar el croar de los barrancos y un lejano ulular, de alguna coruja, que velará mi sueño.
Amanecer con el cielo encapotado y con la algarabía de mi gente. Ser feliz y vivir al son de una chácara y un tambor.
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