Caminaron bajo el frio del atardecer hasta que la noche los sorprendió de pronto, serena se había abierto camino en su paseo.
Todo era perfecto, hablaron hasta la saciedad y rieron como niños, pero llegó el momento de la despedida: Un abrazo y un hasta pronto.
Desolada, caminó hasta su coche sin pensar en otra cosa, y es que jamás hubiera imaginado que un abrazo le pudiera saber tan poco.
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