Tus pupilas se dilataron tratando de leer en mis ojos el significado de una sonrisa provocada por tus caricias en mi espalda.
Y mi piel se erizó cuando me susurraste al oido y hundiste tu nariz entre mi pelo, y te abracé, y sentí que tu piel, arrugada como cuando estas horas en el agua, hacía estragos en mi cuerpo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario