lunes, 27 de junio de 2011

Añoranza

Supongo que siempre te extrañé, esa manera pícara de mirarme, pero tan profunda a la vez, y esa sonrisa de niño que esconde preocupaciones y dolores del alma y que surge inconsciente porque sabe que a mi, involuntariamente, me hace sonreir; y esos besos pastosos de aliento a tabaco, tan intensos, tan de verdad.
He aquí la diferencia entre tu y todos los demás, la verdad, siempre me has mirado de verdad, siempre me has sonreido de verdad, siempre me has besado de verdad.
Nunca estuvimos atados porque siempre supimos que los besos no son contratos pero una extraña unión se halla entre nosotros, una necesidad de rozar el alma de nuestras pieles y de escuchar la risa de los corazones que laten más deprisa y más despacio al mismo tiempo. La necesidad de que el tiempo se pare y que, de repente, el mundo deje de existir y se reduzca a una marquesina, dos botellines de cerveza y tu y yo.

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